Presentación

 

Mi Legado

A Moisés, Yelina, Yuanih, Gastón y Ana Karen, con amor

Ya llegué a la edad donde no sé dónde pongo los anteojos ni la cabeza; a esa edad donde el pasado es tan sólo un referente y el futuro una posibilidad incierta. Es la"cumbre de la edad", dicen algunos, porque en adelante, el físico empieza a menguar; sin embargo, me apego a quienes, como yo, piensan que la vida empieza a los cincuenta, y antes, todo fue ensayo.

Y qué es la vida sino un instante, un punto efímero que tiene dos posibles finales: morir con uno mismo o dejar que su estela nos trascienda a través del tiempo.

La vida es un pasado constante y un futuro incierto, cuyo presente no admite demora ni dilación, menos desperdicio alguno. Tú eres parte de mi estela y como dijera Kipling, tu cariño es oro que nunca desdeño . Se avanza dejando huella tras de sí cuando se construyen ideas, acciones u obras, que nunca se sabe cómo impactarán en la vida de los otros pero de alguna manera siempre lo hacen, porque han quedado grabadas ahí a pesar de nuestra inevitable ausencia física.

Aprender es una constante inagotable, un continuo explorar sin límite ni frontera; nunca llegamos a saber demasiado, ni siquiera de nosotros mismos, pensar lo contrario es vanidad y soberbia. De ahí, que te observo desde la distancia que siempre ha sido cercanía para verte evolucionar como persona, como alguien que ha marcado sus senderos y busca alcanzar sus propias metas, aunque cuando te escucho hablar me doy cuenta que tenemos rumbos, prioridades y formas de pensar diferentes, pero escucharte, me enriquece, porque me brinda una visión distinta de las cosas, y le pido prestada la frase a Coelho para afirmar que el amor es contemplar la misma montaña desde ángulos diferentes. Y creo que seguiremos apreciando la misma montaña desde distintos ángulos, sin ser mejores ni peores; sólo distintos.

¿Qué te puedo legar si ya tienes la vida?, lo mejor que te pude brindar. Lo que has hecho con ella es tu responsabilidad, y me enorgullece porque observo la línea que dibuja tu paso, tu conducta y esos logros que son producto de tu pensamiento y la claridad de lo que aspiras llegar a ser.

¿Qué podría brindarte? ¿Experiencia? Me temo que cada quien va en busca de la propia; ¿Consejos? Tampoco. Nunca seré lo suficientemente calificado para dar consejos y en todo caso, tu vida es para mí un ejemplo para sentarme a tu lado a escuchar tus opinones, tan sensatas como realistas. ¿Opiniones? Quizá, cuando no resultan incomodas, porque los hijos no son la réplica de nuestro pensamiento ni la realización de nuestros intentos fallidos; ni la escultura de lo que no pudimos ser; como padre, te veo libre, independiente, seguro para delinear tu propio camino. Y eso, me satisface.

Así que cuando nada se tiene, lo único que se puede dar es lo que nos queda y lo que me queda es la palabra. Esa palabra que se convierte en instrumento para invitarte a encontrar lo extraordinario en las cosas más simples; esas cosas despojadas de la vana apariencia; de la simulación, del espejismo en que se envuelve el engaño que fascina a los sentidos mediante la publicidad y los clichés comerciales. La calle, por ejemplo, no es más que un espacio incómodo por el cual transitar cuando no nos abrimos a nuestros propios sentidos. Pero cuando aprendamos a percibir las cosas más simples, nos daremos cuenta que la calle, las cosas y las personas son algo más de lo que podemos apreciar a simple vista.

Por desgracia, nos perdemos en el mundo físico, en lo material y en la anécdota sin explorar en la esencia y el espíritu de las cosas ni de las personas. Una calle es la historia de sus fachadas, de quienes habitaron las viejas casonas, de quien dio origen a esos trazos urbanos y quienes a través del tiempo la transformaron; una calle posee sus propias leyendas, algunas cuentan con tradiciones o se dibujan en la historia de la ciudad o la nación. Una calle es más que pavimento y guarniciones, es testimonio de muchas vidas y sucesos. Pero necesitamos de nuestros sentidos para percibirlo. Necesitamos de la curiosidad para indagarlo. Y me preguntarás, ¿para qué sirve eso? ¿Para qué meterse en historias ajenas?

Ninguna historia no es completamente ajena, todas tejen fino sobre nuestras propias vidas; y cuando se es capaz de percibir con intensidad cada cosa, es fácil viajar a través de nosotros mismos para conocernos y reconocernos, sólo entonces podemos ver con claridad; antes, todo será borroso y confuso, engañoso y un espejismo simplemente.

Yo veo personas a mi alrededor mientras otros, solo ven gente anónima. Ahora mismo, mientras me limpian los zapatos, no veo un limpiabotas en la esquina, sino a un hombre que quiso ser abogado y truncó su destino por cobijarse en otra historia ajena a la suya. Veo a un tipo cuya actitud habla de sus descalabros, sus circunstancia y el anhelo por brindarle a su hija los estudios que al él, le negó la pobreza de su casa, la ignorancia de sus padres y la inquietud de su juventud desbordada en la mujer que hoy, ya no le acompaña.

Veo a un hombre que a los 16 años salió de la casa paterna para viajar a Phoenix en busca de trabajo y ahora, me explico el por qué de las cicatrices de su rostro cuando me narra el maltrato de los agentes migratorios al encontrarlo arrastrándose por el desierto de Arizona. Trato de comprender su insistencia por cruzar el río alojándose en el fondo de un trailer que lo deja a 100 millas de los Ángeles y procuro comprender su ansia por encontrar alimento después de dos días sin comer, hurgando en los botes de basura algún desperdicio. Félix ha dejado de ser un simple bolero a mi vista porque mis sentidos le han otorgado otra identidad, la real.

¿Y cómo aspirar a comprender la realidad cuando insistimos en inventarla nosotros mismos o en ocultarla, o nos cerramos a reconocerla? ¿Cómo comprender el verdadero sentido de la vida cuando la vivimos sin sentido alguno?

Quisiera legarte, no mis ojos, sino los tuyos para percibir cada metro que recorres cotidianamente, cada persona a quien saludas de continuo sin conocer siquiera su nombre… quisiera sembrar en ti la curiosidad por sentir lo que nos rodea porque de algo estoy cierto: no se pude amar lo que no se admira ni admirar lo que no se conoce. Y conocer es poner en juego los sentidos.

Blanco y negro no significa bueno o malo; esa dicotomía no existe en las cosas. Blanco y negro pueden ser opuestos, diversos, pero no por ello excluyente uno del otro, pues sin en esa gama no existirían los grises. Por eso deseo regalarte la gama entera del arco iris de la realidad para que en ella puedas deleitarte sabiendo que tu existencia será más plena cuantos más colores le agregues cada día a tu vida.

La vida transcurre rápido y cuando menos se piensa, caen las últimas hojas del calendario, y en ese instante, nos llegan todas las facturas juntas. Tener es muy importante, lo hemos hablado pero lo trascendente es llegar a Ser, y eso es producto de tu quehacer cotidiano. Encontrar el equilibrio entre Tener y Ser es sin duda el éxito al que cualquiera aspiraría. Sigue tus emociones, no dejes de escuchar el latido de tu corazón, y abre tu mente siempre a las cosas más sencillas que en ellas, alberga la alegría de vivir. Simplemente no dejes pasar un día sin construir, sin construirte, sólo eso.

Con la confianza, el respeto y la tolerancia el amor se blinda volviéndose indestructible. Brinda a quien te rodea ese trinomio, la vida te lo agradecerá. Y no olvides que las cosas importantes no se encuentran afuera, sino dentro de uno mismo, ahí en esos lugares donde siempre te enseñaron a buscar, ahí donde todo lo has encontrado.

Todo mi amor.

Guillermo

© 1996 Guillermo Ochoa Montalvo. México